En el Estado de México, la violencia tras los conflictos viales ha escalado en los últimos tres años con episodios que han dejado muertos y heridos tanto el Valle de Toluca y en otros municipios de la entidad.
Para el director del Instituto Mexiquense de Salud Mental y Adicciones, Raúl Naveda López-Padilla, explicó que estas conductas no pueden entenderse únicamente como reacciones momentáneas, sino como resultado de múltiples factores que interactúan entre sí.
Entre ellos, explicó en entrevista con El Sol de Toluca, se encuentran traumas no resueltos, experiencias previas de violencia, consumo de sustancias psicoactivas y, en algunos casos, la ausencia de redes de apoyo emocional o el diagnóstico tardío de trastornos vinculados con la agresividad y el control de impulsos.
Aparentemente el conflicto inició en la zona de Magnolias, donde los checadores y combis que hacen base en el lugar exigían dinero a los operadores del nuevo servicio de transporte hacia la Ciudad de México.
‘Los conflictos viales pueden ser escenarios de expresión de emociones reprimidas como enojo, frustración o ansiedad. Cuando estas emociones no encuentran canales adecuados de regulación, se transforman en reacciones desproporcionadas. En un entorno social donde la violencia se normaliza y el acceso a armas es posible, estas reacciones se potencian y pueden llegar a escalar hacia episodios de violencia armada’, sostuvo.
El especialista añadió que la prevención no se limita a sanciones de tránsito, sino que debe incluir el fomento de habilidades socioemocionales en la comunidad, así como garantizar la detección temprana y el acceso a tratamientos oportunos en salud mental.
El domingo pasado, la carretera Toluca-Palmillas fue escenario de una protesta encabezada por habitantes de Ojo de Agua, quienes bloquearon la vía para exigir justicia por la muerte de un ciclista arrollado.
Durante la manifestación, un automovilista descendió de su vehículo para quitar las piedras con las que estaba bloqueado el paso, fue agredido con piedras, regresó armado y disparó contra los manifestantes, lo que dejó un saldo de dos heridos.
La agresión provocó pánico entre los presentes; sin embargo, hasta el momento no ha sido detenido el agresor, quien abandonó el vehículo en que viajaba kilómetros más adelante.
Para especialistas, este tipo de ataque con arma de fuego evidencia cómo una expresión de inconformidad social derivada de un percance vial puede transformarse en un hecho de violencia con consecuencias mayores, en un contexto donde la tensión en las calles se multiplica por la percepción de impunidad.
La balacera en la Toluca-Palmillas no es el primer episodio en el que un conflicto vial termina en tragedia. El 19 de diciembre de 2022, en la avenida Alfredo del Mazo de Toluca, un pleito entre automovilistas en la colonia Científicos dejó como saldo la muerte de un conductor.
La víctima quedó sin vida sobre el asfalto, mientras que el presunto responsable fue detenido en el lugar.
Ese mismo mes, en Metepec, otra pelea de tránsito derivó en que un automovilista arrollara dos veces a la persona con la que discutía.
El hecho, que fue registrado en video, mostró la capacidad de escalar que tienen los incidentes en carretera cuando el enojo se transforma en agresión.
En municipios del Valle de México también se han documentado riñas entre automovilistas tras choques menores.
En Ecatepec y Valle de Chalco se difundieron videos donde golpes, daños a vehículos y amenazas con objetos sustituyeron cualquier intento de diálogo.
Aunque no alcanzaron la magnitud de la balacera en Toluca-Palmillas, confirman que la violencia tras percances de tránsito no es exclusiva del Valle de Toluca.
Para Naveda López-Padilla, la forma de frenar estos hechos pasa por atender la dimensión emocional de la violencia.
‘La prevención sucede al trabajar en la promoción de la salud mental comunitaria, fomentando habilidades socioemocionales como la regulación de las emociones, la resolución pacífica de conflictos y la empatía’, explicó.
El especialista sostuvo que, sin acciones integrales que combinen educación emocional, acceso a atención psicológica y coordinación con políticas de seguridad, las calles del Estado de México serán un terreno fértil para que un percance vial desemboque en una agresión.
Los casos de Toluca-Palmillas, Alfredo del Mazo y Metepec, consideró el director del Instituto Mexiquense de Salud Mental y Adicciones, reflejan que no se trata de hechos aislados, sino de un fenómeno social en el que la movilidad y la violencia se entrelazan, lo que coloca a la salud mental en el centro de la discusión.

