Dormir en los pasillos, convivir con chinches, recibir alimentos en mal estado y enfrentar dificultades para acceder a atención médica son algunas de las condiciones que, de acuerdo con familiares y un ex-interno, enfrentan personas privadas de la libertad en el Centro Preventivo y de Readaptación Social Juan Fernández Albarrán, conocido como penal de Barrientos.
Los testimonios señalan que, pese a que algunas familias pagan cuotas de entre 12 mil y 20 mil pesos mensuales para mejorar las condiciones de estancia de sus familiares, persisten el hacinamiento y diversas carencias al interior del centro penitenciario.
Familiares de internos señalaron que la sobrepoblación obliga a algunos reclusos a dormir en pasillos, cerca de los baños o incluso sentados y de pie, ante la falta de espacios suficientes.
Una mujer relató que algunas familias pagan hasta 20 mil pesos para que sus familiares sean trasladados a un dormitorio; sin embargo, posteriormente deben cubrir cuotas adicionales para conservar un espacio para dormir.
De acuerdo con los testimonios recabados, por conservar una plancha de concreto, conocida entre los internos como “cantón”, se llegan a pagar hasta 800 pesos semanales. Un ex-interno afirmó que dentro del penal se debe pagar por diversos artículos y servicios, desde jabón y cobijas hasta determinados accesos.
“Ahí duermes entre chinches, te dan comida en mal estado y pagas por todo, por un jabón, una cobija, para acceder a la plancha de concreto para dormir, por la visita, y si te quejas te va peor, te llevan a un sitio aislado, donde te dejan por días”, aseguró.
Según su testimonio, los internos de nuevo ingreso pueden permanecer hasta un mes en los pasillos antes de ser trasladados a dormitorios. Durante ese periodo, dijo, son enviados desde temprano a realizar labores de limpieza en las instalaciones y algunos sufren golpes y maltratos.
Ante estas condiciones, familiares optan por pagar entre 12 mil y 20 mil pesos para que sus parientes sean llevados a dormitorios, además de cubrir cuotas adicionales por conservar un espacio para dormir.
“Los presos duermen en los pasillos, a la entrada del baño. Nosotros pagamos 800 pesos a la semana por uso de una cama, el cantón, y evitar que nuestros familiares hagan labores donde son maltratados. Aparte, si quieren salir al patio o hacer una llamada, por cada cosa son 20 pesos”, refirieron familiares de otra persona privada de la libertad.
El ex-interno también denunció la presencia de chinches en distintas áreas del penal y aseguró que algunos reclusos presentan lesiones derivadas de las picaduras.
“Hay reclusos que tienen la piel con heridas visibles por las picaduras de las chinches; hay enfermos sin atención debida, pero no hay que quejarse, es mejor conseguir dinero para pagar la consulta y la medicina adentro”, afirmó.
Agregó que los medicamentos pueden alcanzar precios elevados dentro del centro penitenciario, mientras que el ingreso de medicinas por parte de los familiares implica realizar trámites y esperar durante periodos prolongados.