Vivir sola después de los 60 años puede representar un reto distinto para las mujeres que llegan a esta etapa por decisión propia que para aquellas cuya situación cambia después de un divorcio, separación o viudez, particularmente cuando dependían económicamente de su pareja.
En el Estado de México, esta realidad forma parte de un fenómeno demográfico más amplio: de acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2020 del INEGI, existen 481 mil 103 hogares unipersonales, es decir, viviendas habitadas por una sola persona.
El investigador del Centro de Investigación y Estudios Avanzados de la Población (CIEAP) de la UAEMex, Hugo Montes de Oca Vargas, señaló que entre 7 y 8% de la población se encuentra en esta condición por decisión propia, con una mayor presencia entre las mujeres.
“El problema no es para quienes han elegido desde jóvenes vivir solas, sino para quienes se divorciaron y la preocupación es la adaptación y sus condiciones”, explicó.
El especialista señaló que es cada vez más común que personas adultas que tuvieron un vínculo de pareja decidan no volver a vivir con alguien después de una separación, divorcio o viudez.
“Es común que las personas adultas que hayan tenido un vínculo de pareja, pero lo disolvieron por viudez, separación o divorcio, decidan no volver a vivir en pareja sino solas”, sostuvo.
La diferencia, explicó, está en las condiciones con las que cada persona llega a esa etapa. Mientras algunas mujeres han construido durante años una dinámica independiente, otras pueden enfrentar de manera repentina la necesidad de sostenerse por sí mismas.
“Quien decidió no tener pareja y ha vivido sola no tiene problema porque está adaptada a eso; el problema es cuando ha sido una mujer casada o con pareja y disuelve la unión y era dependiente: se queda en desamparo total”, advirtió.
En estos casos, la falta de empleo, ingresos fijos o una actividad económica puede convertir la vida en solitario en un problema económico, pues la mujer debe encontrar la manera de cubrir por sí misma sus necesidades.
“No es porque no se quiera vivir en pareja, pero hay un contexto, no tener trabajo o no encontrar espacios laborales bien pagados y el ingreso es sumamente bajo”, señaló.
Montes de Oca Vargas consideró que las condiciones económicas y sociales influyen en las decisiones relacionadas con la vida en pareja. Entre los factores mencionó el desempleo, los bajos salarios y la falta de oportunidades laborales bien remuneradas.
“Las personas han decidido no contraer ninguna responsabilidad de pareja, cualquiera que sea: unión libre, juntarse o casarse, o bien retrasar esa unión”, explicó.
Sin embargo, cuando esta situación ocurre durante la vejez, la capacidad económica adquiere mayor relevancia. Para una mujer que deja de vivir con su pareja después de décadas de matrimonio, contar con un empleo, ingreso fijo, pensión o jubilación puede marcar una diferencia en sus condiciones de vida.
A este escenario se suma la mayor necesidad de atención médica que puede presentarse con la edad. El investigador señaló que uno de los principales cuestionamientos es quién se encargará del cuidado de una persona que vive sola cuando requiera asistencia y no cuenta con recursos económicos o familiares cercanos.
El envejecimiento también plantea un problema de cuidado y redes de apoyo. Vivir sola no significa necesariamente estar aislada, pues las personas pueden mantener vínculos con familiares, hijos y amigos.
No obstante, cuando no existen familiares cercanos, será necesario prever quién podrá brindar apoyo ante una enfermedad o una situación que limite la autonomía.
Montes de Oca Vargas señaló que, en estos casos, las redes de apoyo pueden incluir a amigos o vecinos, ante la falta de instituciones capaces de cubrir todas las necesidades de cuidado.
“Las repercusiones de esos hogares son sociales, familiares, institucionales y se atenderá quien tenga recursos económicos”, afirmó.
Los datos del INEGI muestran la dimensión del fenómeno en el Estado de México. De los 4 millones 568 mil 635 hogares contabilizados en el Censo de Población y Vivienda 2020, 481 mil 103 eran unipersonales.
Entre los municipios con mayor número de hogares habitados por una sola persona se encuentran Ecatepec, con más de 48 mil; Naucalpan, con más de 30 mil; Tlalnepantla, con más de 28 mil; Toluca, con poco más de 24 mil, y Tecámac, con más de 20 mil.
Así, detrás de las cifras de hogares unipersonales existe una realidad que no es homogénea: mientras para algunas personas vivir solas forma parte de una decisión tomada desde hace años, para otras —particularmente mujeres que llegan a la vejez después de perder o disolver un vínculo de pareja— puede implicar nuevos desafíos económicos, de salud y de cuidado.