viernes, marzo 6, 2026
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Mujeres mariachi en Zumpango: tradición y orgullo

Durante décadas, el mariachi ha sido un símbolo profundo de la identidad mexicana: música de plaza, de fiesta y de duelo. Sin embargo, detrás del sonido de trompetas y violines, el oficio de ser mariachi ha estado históricamente marcado por una presencia masculina. Hoy, cada vez más mujeres mariachi están transformando esa tradición desde adentro, enfrentando estereotipos y abriendo camino con talento y determinación.

Ser mujer mariachi no es solo interpretar una canción; es asumir un oficio que exige disciplina musical, resistencia física y carácter. Las largas jornadas, los viajes constantes y las presentaciones nocturnas forman parte del día a día. Para muchas mujeres, a estas exigencias se suman prejuicios: desde la duda sobre su capacidad para tocar ciertos instrumentos como la trompeta o el guitarrón hasta comentarios que cuestionan su presencia en un escenario históricamente dominado por hombres.

Para Ana Elsa Arredondo, violinista y directora del mariachi “Estrellas de mi tierra”; integrado por elementos de San Juan Zitlaltepec, el oficio de ser mariachi mujer le llena de orgullo y satisfacciones por ser fundadora del primer mariachi femenil en esta comunidad.

“Compartir la música mexicana es hacer orgullosamente lo mismo con la tradición mexicana más bonita: la de interpretar la música y sus canciones. Es una profesión hermosa de labor difícil porque a las mujeres no se les reconoce como a los hombres; sin embargo, nunca me he dado por vencida, ya que ahora se ha convertido en mariachi mixto por las necesidades de integrar talentos en presentaciones en otras entidades”.

Más allá del escenario, ser mujer mariachi implica una lucha por el reconocimiento profesional y el respeto laboral. Muchas han tenido que abrirse paso sin referentes femeninos previos, convirtiéndose ellas mismas en inspiración para nuevas generaciones de niñas y jóvenes que sueñan con vivir de la música regional mexicana.

Las mujeres mariachis han demostrado que el talento no tiene género. Agrupaciones femeninas y mixtas han ganado reconocimiento nacional e internacional, destacando por su calidad musical y propuestas innovadoras que respetan la tradición sin dejar de renovarla. Su presencia también ha impulsado cambios en la imagen del mariachi, adaptando el traje tradicional para hacerlo propio sin perder su esencia.

En la población de San Juan Zitlaltepec, municipio de Zumpango, la comunidad se caracteriza por albergar 23 agrupaciones de mariachi; dos de ellos son femeniles, unos cuantos son mixtos y el resto de hombres.

Hoy, el oficio de ser mujer mariachi es una historia de resistencia y orgullo. Con cada nota y cada presentación, estas músicas no solo interpretan canciones emblemáticas, sino que reescriben una tradición, demostrando que la cultura viva se fortalece cuando incluye todas las voces.

Ser mariachi es de suma importancia, no solo como profesión musical, sino como un pilar fundamental de la identidad mexicana y un portador de su cultura a nivel mundial. La música de mariachi es reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, lo que subraya su valor histórico y social.

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