sábado, marzo 14, 2026
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Un nuevo fenómeno social atrae a los jóvenes: El alucín, te contamos al respecto

Tras los recientes hechos relacionados con la captura y muerte de “El Mencho” en Jalisco y en otras entidades del país, volvió a cobrar relevancia un fenómeno social entre jóvenes en México conocido como “alucín”, una identidad asociada a la estética y discursos del crimen organizado sin pertenecer realmente a estas estructuras.

Durante los operativos y detenciones ocurridos tras la caída del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, algunas personas se identificaron falsamente como integrantes del grupo criminal. Esto evidenció una realidad inesperada: no todos los que adoptan la imagen de sicarios forman parte del crimen organizado.

Especialistas advierten que este fenómeno refleja una crisis de identidad en contextos de desigualdad y falta de oportunidades, donde la estética del crimen organizado se presenta como un atajo hacia el reconocimiento social o una ilusión de poder que, aunque ficticia, puede tener consecuencias reales.

El término “alucín” se utiliza para referirse a personas que adoptan la estética, discursos o símbolos asociados al crimen organizado —lujo, poder, dinero o violencia— sin formar parte realmente de estas estructuras delictivas.

En muchos casos se trata de una apropiación simbólica alimentada por imaginarios sociales, reforzados por la cultura popular y las redes sociales.

Para especialistas, este fenómeno está relacionado con los procesos de construcción de identidad juvenil, en los que los jóvenes buscan referentes que les permitan diferenciarse, obtener reconocimiento social o proyectar una imagen de poder.

“En muchos casos es una forma de identificación y de búsqueda de identidad”, explicó el psicólogo Rafael Robuetas Mira, especialista en intervención psicoanalítica y coordinador de la línea de atención psicológica universitaria en la Facultad de Ciencias de la Conducta de la Universidad Autónoma del Estado de México.

De acuerdo con el especialista, estas conductas suelen presentarse principalmente entre adolescentes y jóvenes que atraviesan una etapa crucial de desarrollo personal, en la que buscan pertenencia y referentes sociales.

“Si este fenómeno aparece como una alternativa que promete dinero o poder, algunos jóvenes pueden omitir los grandes riesgos que implica”, explicó en entrevista.

El especialista señaló que factores como carencias económicas, violencia o escasas oportunidades educativas y deportivas pueden influir en que algunos jóvenes busquen reconocimiento en otros grupos o identidades.

“Cuando pensamos en necesidades emocionales podemos asumir que hay cierta ausencia de cuidados o de atención tanto en casa como en el contexto social. En ese escenario, algunos jóvenes adoptan estas identidades para sentirse parte de algo”, indicó.

Otro elemento que influye en este fenómeno es la expansión de la narcocultura, que a través de la música, redes sociales y ciertos productos culturales difunde narrativas relacionadas con el lujo, el dinero rápido y el poder.

“Forma parte de la base de la narcocultura: promover estilos de vida asociados con riqueza, consumo y excesos. La música, por ejemplo, tiene una gran capacidad de quedarse en nuestra memoria y reforzar estas narrativas”, explicó el especialista.

A esto se suma un factor biológico: el desarrollo del cerebro durante la juventud.

De acuerdo con Robuetas Mira, el cerebro humano termina de madurar aproximadamente a los 25 años, particularmente el lóbulo prefrontal, región asociada con el pensamiento crítico y la toma de decisiones.

“Cuando el cerebro aún está en desarrollo, los jóvenes pueden ser más vulnerables a ciertos contenidos o a la influencia de estas narrativas”, explicó.

Adoptar ciertos estilos de vestir o escuchar determinada música no necesariamente implica un problema. Sin embargo, existen señales que pueden indicar riesgos más profundos.

Entre ellas destacan: aislamiento social, conductas violentas, consumo problemático de sustancias, cambios drásticos en la conducta, crueldad hacia animales.

“El problema no es la música o la ropa. La alerta aparece cuando el joven se aísla, presenta conductas violentas o consumo problemático de sustancias”, advirtió el especialista.

Ante este panorama, consideró necesario fortalecer las intervenciones psicosociales en escuelas y comunidades, para brindar información y herramientas que permitan a los jóvenes desarrollar pensamiento crítico.

“El paradigma educativo actual no es prohibicionista; busca ofrecer información para que los jóvenes desarrollen criterio”, señaló.

Desde la sociología y la comunicación, el fenómeno también puede entenderse como parte de los imaginarios colectivos que influyen en la construcción de identidades juveniles.

El profesor investigador Ismael Colín Mar, de la Universidad de Ixtlahuaca y catedrático de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UAEMex, explicó que el término “alucín” funciona como una etiqueta social.

“El concepto surge como una asignación o estigma que se coloca a personas desde la percepción colectiva”, explicó.

En algunos contextos, añadió, la figura del narcotraficante ha evolucionado hasta convertirse en un símbolo aspiracional, especialmente en entornos marcados por la exclusión social.

El investigador César Augusto Suárez Ramírez, también de la Universidad de Ixtlahuaca, señaló que el fenómeno debe analizarse también desde la forma en que las personas construyen identidades en entornos digitales.

“El imaginario social del ‘alucín’ tiene que ver con la percepción colectiva sobre quienes adoptan esa identidad”, explicó.

Las redes sociales han amplificado este fenómeno al permitir que muchas personas proyecten identidades aspiracionales basadas en símbolos de poder o reconocimiento.

“En internet construimos una especie de biografía digital. Mostramos lo que queremos que los demás vean. El problema es qué identidad estamos proyectando y qué tanto corresponde con la realidad”, señaló.

El investigador advirtió que cuando estos imaginarios se normalizan sin reflexión crítica, pueden contribuir a que estas narrativas sigan reproduciéndose en la cultura.

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