sábado, marzo 7, 2026
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En Edomex, madres buscadoras enfrentan violencia y omisión

La búsqueda de una persona desaparecida no solo implica enfrentar la incertidumbre. Para las madres que encabezan esa tarea en el Estado de México el proceso también está marcado por la violencia. A la ausencia se suman las amenazas, el hostigamiento y la falta de protección. Buscar a sus hijos las ha expuesto a nuevas formas de daño.

En el Valle de Toluca, integrantes del colectivo Flores en el Corazón han documentado agresiones recientes contra mujeres que participan activamente en jornadas de localización.

Señalan que las amenazas son frecuentes y que las medidas solicitadas para su resguardo no se han aplicado de manera efectiva, a pesar de que algunas carpetas han sido identificadas como delicadas por las propias autoridades.

Elizabeth Machuca, representante del colectivo, confirmó que en los últimos días dos integrantes fueron amenazadas.

‘Entre ayer y hoy me amenazaron a dos mamás del colectivo. Ya hicimos las denuncias, pero seguimos esperando el botón de pánico que solicitamos desde el inicio. Las autoridades saben qué carpetas son delicadas y que pueden implicar agresiones por cómo se ha llevado la investigación’, explicó.

El acompañamiento institucional en las jornadas de localización ha sido limitado; pese a ello, para las colectivas lo más grave es que la falta de apoyo no se limita a la seguridad. También han documentado situaciones de hostilidad por parte de ciudadanos que se oponen al pegado de fichas o que emiten comentarios ofensivos.

Esto ha ocurrido en espacios públicos, mercados y unidades habitacionales durante actividades organizadas por el colectivo.

‘Siempre estamos expuestas a cualquier tipo de agresión, tanto de la ciudadanía que no acaba de entender que esto les puede pasar también, como de las propias autoridades. Desde que nos quitan las fichas, desde que nos dicen estorbos o nos hacen sentir mal, hay que cuidarnos de todo mundo. Caminamos con más precaución porque no sabemos en dónde estamos pisando ni a quién tenemos enfrente’, dijo.

Además del riesgo físico, las buscadoras han reportado afectaciones en su salud mental. De acuerdo con el informe ‘Desaparecer en México. Otra vez’, elaborado por Amnistía Internacional, muchas mujeres presentan síntomas asociados con ansiedad, depresión y estrés postraumático.

El acompañamiento psicológico que reciben es irregular y, en ocasiones, limitado por la carga emocional acumulada.

En el caso del colectivo Flores en el Corazón, han recibido apoyo de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas del Estado de México. Sin embargo, las personas buscadoras consideran que, pese a los esfuerzos, las acciones no siempre alcanzan para contener el impacto psicosocial de la búsqueda.

 ‘Todos sufren de ansiedad, nervio, estrés. Tenemos acompañamiento de la Comisión de Víctimas, pero muchas veces sentimos que no sirve ir porque seguimos cargando con la búsqueda, con los avances de la investigación. También con la energía de las demás compañeras, porque sabemos sus historias y terminamos afectadas por todos los casos. Aquí no somos un colectivo: somos una familia de madres, hermanas, hijas buscadoras’, expresó Machuca.

Uno de los principales señalamientos del informe de Amnistía Internacional es la omisión sistemática en las carpetas de investigación.

Las organizaciones han detectado que las fiscalías no solicitan de manera oportuna grabaciones de cámaras, sábanas de llamadas ni datos de geolocalización. En muchos casos, esa información ya no puede recuperarse cuando por fin se autoriza.

En el Estado de México, las madres buscadoras han documentado también el archivo de denuncias sin investigación previa.

Aunque algunos casos cuentan con evidencia suficiente para iniciar una carpeta por desaparición o por amenazas, el seguimiento no se concreta y las medidas de resguardo tampoco se activan.

‘Yo tengo una denuncia que me archivaron por oficio. Como no hay avances, ya limitaron todo tipo de investigaciones. Se les hace más fácil dejarla guardada hasta que pase algo más grave. Cuando lo reportamos, solo dicen que lo van a retomar, pero no lo hacen. Y entonces tendremos que decirles ven, se los dijimos, pero ya será tarde’, señaló.

Las jornadas de búsqueda también implican un gasto económico constante. En promedio, una diligencia con cinco o seis familias en municipios del Valle de Toluca representa un gasto de 6 mil a 7 mil pesos.

Aunque algunas instituciones otorgan viáticos o reembolsos, el recurso no cubre el total de los traslados, alimentación o materiales.

Machuca explicó que las familias se organizan para dividirse responsabilidades. Algunas buscan mientras otras trabajan, pero en varios casos eso ha provocado distanciamiento o ruptura dentro del núcleo familiar. La falta de resultados también ha contribuido al desgaste colectivo.

‘Varias del colectivo se empezaron a alejar precisamente por el largo tiempo de que no se da una investigación concreta, de que no hay una localización. Nos limita mucho cuando no hay telefonía, cuando no hay redes sociales, cuando las familias no conocen ni siquiera las amistades de sus hijos. Eso reduce las posibilidades. Y cuando no hay datos, no hay forma de saber con quién buscar’, comentó.

Durante los primeros cuatro meses de 2025, en México se registraron cinco mil 147 desapariciones, un promedio de 42 casos diarios.

Esto representa un incremento de 26% en comparación con el mismo periodo de 2024, de acuerdo con datos del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas.

El Estado de México ocupa el primer lugar en número de personas no localizadas, con 801 reportes entre enero y abril. Le siguen la Ciudad de México con 697, Puebla con 481, Sinaloa con 338 y Michoacán con 334. En marzo se reportó el mayor número de casos del cuatrimestre, con mil 456 desapariciones.

Según el registro, 70.45% de los casos corresponde a hombres y el 29.49% a mujeres. Las cifras fueron consultadas hasta mayo de este año.

Cuando una persona es localizada sin vida, la investigación cambia de ruta. Sin embargo, las familias señalan que no siempre se abre una carpeta por homicidio.

En algunos casos, los cuerpos han sido encontrados en fosas comunes a pesar de que ya contaban con datos genéticos en los registros estatales.

El informe de Amnistía Internacional advierte que la coordinación entre Fiscalías es deficiente. Existen bases de datos desactualizadas, plataformas que no se cruzan entre estados y expedientes que permanecen sin identificar, a pesar de que los perfiles coinciden.

‘Encontrar un cuerpo no es el final. Qué pasó, quién lo hizo, por qué lo hizo. Si damos seguimiento en homicidios, si exigimos que nos digan quién lo desapareció, se podría bajar un poco el número de personas que se dedican a esto. No se trata solo de buscar, sino de evitar que otras madres pasen por lo mismo’, concluyó Machuca.

De acuerdo con colectivos de búsqueda en el Estado de México, acceder a la justicia y a la verdad sigue siendo el principal pendiente de las instituciones. Las madres no solo quieren saber dónde están sus hijas e hijos; también exigen saber qué ocurrió, por qué y quiénes fueron responsables.

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