El Templo de la Tercera Orden, conocido como La Capilla de Indios, se ubica al lado de la Catedral de San Buenaventura, en el centro de Cuautitlán, en el norte de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México. Este edificio colonial, que estuvo abandonado por más de 300 años, se encuentra en proceso de rehabilitación, rescatado por una empresa especializada que utiliza materiales originales para su reconstrucción.
El templo data de 1681 y es el primer referente histórico del inicio del proceso de evangelización de México; en él se preparaba a la comunidad nativa en la religión católica recién llegada.
Hace más de 300 años la capilla fue semidestruida, según estudios del cronista Jorge Ernesto Rodríguez Fragoso, ya que parte de sus materiales fueron utilizados en la construcción de la capilla de El Cerrito y la Casa de San Juan Diego, ubicada a unos 300 metros de distancia. Por ello, permaneció con la superficie y la techumbre derruidas.
El pasado 12 de febrero, el arzobispo de Cuautitlán, Efraín Mendoza Cruz, dio a conocer el proyecto de reconstrucción del templo que data del siglo XVII, señalando que su importancia radica en que es un edificio que da testimonio del inicio de la evangelización que en nuestro país promovieron los frailes franciscanos.
El cronista Jorge Ernesto Rodríguez Fragoso explica que ese templo comenzó a construirse en 1681 y se concluyó cuatro años después, aunque únicamente se le dio uso durante 65 años, pues fue abandonado en 1750.
En la capilla, personal del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) realizó trabajos de recuperación de piezas arqueológicas, localizando en el lugar más de 400 vestigios entre objetos de barro, hueso, agujas, puntas, partes de ollas, caritas, figuras humanas en miniatura y diversos utensilios de cocina.
El responsable del rescate de dicho tesoro histórico, el arqueólogo José Hernández Rivero, destacó que durante las excavaciones se localizaron además fragmentos de vasijas, una punta de obsidiana y restos óseos, los cuales pudieron haber llegado a ese lugar a través de tierra en la que ya venían revueltos, pues esta fue sacada de los alrededores del templo, donde pudo haber existido un panteón hace más de tres siglos.
También se realizaron excavaciones de sondeo en las cimentaciones del edificio, determinándose que se encuentra en muy buen estado para la realización de los trabajos de restauración del templo, que se presume fue construido desde los inicios de la época colonial.
Otros restos encontrados, además de las piezas de barro y obsidiana, fueron fragmentos óseos como cráneos y fémures, que podrían corresponder a personas de la época colonial o de los inicios del siglo XX.
De acuerdo con el arqueólogo, los rescates se hicieron a 4.50 metros de profundidad y, al parecer, se trata de piezas que, por su forma y figura, pudieron pertenecer a la época de la cultura azteca.
También fueron encontrados vestigios provenientes de otros sitios que podrían pertenecer a distintas culturas, como una punta utilizada para la pesca y una cruz metálica de San Benito, correspondiente a etapas posteriores al inicio de la evangelización.
Asimismo, se hallaron piezas correspondientes a periodos anteriores a la colonia, como figurillas de la cultura tolteca que podrían datar del año 1100. Todo ello fue localizado en el suelo de la Capilla de la Tercera Orden, lo que refleja, a decir del arqueólogo, algunos indicios de la forma de vida en la región.
Con relación a otros elementos hallados, destacó que se encontraron fragmentos de objetos procedentes de Tlaxcala, Puebla y Texcoco, lo que indica que pudieron ser parte del comercio que se desarrollaba en este lugar. No obstante, algunos objetos sugieren la probabilidad de que se haya asentado una población mexica alrededor del año 1300.

