sábado, marzo 7, 2026
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La Santa Muerte gana devotos en el Estado de México

Muchos le temen, pero millones en todo el mundo buscan su refugio para afrontar las dificultades cotidianas. La Santa Muerte ha ganado cientos de adeptos en los últimos años, incluso en el Estado de México, donde la religión católica y otras creencias parecen perder terreno, sobre todo en determinadas regiones, ante los supuestos favores que la también llamada Niña Blanca les ha cumplido.

La devoción a la Santa Muerte ha incrementado en la zona sur del Estado de México, pero también en los valles de Toluca y el de México al grado que los altares dedicados a esta imagen incluso la de Jesus Malverde, ya no están escondidos como años atrás, sino a la vista de cualquier persona que quiera pedirle algún favor.

El culto a la Santa Muerte en México data en el año 2001 en la Ciudad de México, tras la fundación de su santuario y posteriormente en 2008 surgió el Templo Santa Muerte en San Mateo Cuautepec, en Tultitlán, el cual cuenta con la imagen más grande.

Con ello, la devoción a la Santa Muerte ha ido en aumento en todo el Estado de México, principalmente en los municipios de Tultitlán donde existe un templo gigante y en el Valle de Toluca donde hay templos, San Mateo Atenco, y mucha devoción en barrios tradicionales como la colonia El Seminario. La venta de estas imágenes refleja la fe que ha adquirido la Santa Muerte a quienes sus devotos le piden protección y favores.

En mercados y espacios esotéricos del Valle de Toluca se registra un aumento en la compra de figuras y ofrendas dedicadas a la Santa Muerte, una tradición con raíces históricas profundas. Comerciantes y especialistas señalan que este culto se ha expandido y diversificado en los últimos años, especialmente en temporada de Día de Muertos.

La devoción por la imagen de la Santa Muerte se ha extendido a otras zonas de la entidad mexiquense y una de ellas ha sido la zona sur de la entidad.

Desde hace años la desviación de la devoción comenzó con Jesús Valverde, conocido como el “santo de los narcos”, donde las peticiones se centraban en pedir favores, protección y ayuda para el trabajo.

A la adoración de este “santo” se fue sumando la imagen de la Santa Muerte y hoy, ya pueden verse algunos altares a la vista de todos.

“Antes los fieles a estas imágenes tenían sus altares escondidos, su devoción estaba escondida, pero hoy se ha hecho más visible y hay altares aquí en Tejupilco”, comentó un vecino de este municipio sureño.

Uno de estos altares se encuentra apenas a 20 minutos del centro del municipio de Tejupilco a la orilla del camino que conecta con las comunidades como el Sauz de San Lucas.

En el altar ubicado a un costado del camino se puede leer “Bienvenidos Santísima Muerte”, y al interior se pueden apreciar varias imágenes de la Santa Muerte de distintos tamaños y colores.

A su alrededor los feligreses colocan veladoras y una canasta con alimentos, y según vecinos de la zona, es una zona muy concurrida por algunos simpatizantes de esta devoción.

“Sí ha crecido la devoción a esta imagen, aquí en Tejupilco hay varios altares incluyendo éste. De hecho hay un día donde llevan a cabo una tipo procesión”, añadió el habitante de este lugar.

En gran parte, consideró que esta devoción se ha fortalecido por las actividades ilícitas que se desarrollan en esta zona sur, pero también ante una falta de atención por parte de la iglesia católica.

“Acá estamos muy olvidados, no sólo de las autoridades gubernamentales sino también muchas veces de la iglesia, al no haber ese apoyo, la gente busca a dónde alojarse y, por ende, encuentra estas nuevas opciones de fe”.

Los organizadores de esta celebración religiosa señalan que la preparación y el vestuario hacen que se vea tan real que han notado la presencia de gente de la Ciudad de México específicamente de Milpa Alta, Xochimilco e Iztapalapa

“Ella me protege, más que nadie”, señaló muy segura de su devoción Ruth N., una joven oriunda de Metepec, que aseguró desde hace cinco años comenzó a adorar la figura de la Santa Muerte.

Explicó que su fe comenzó cuando, por recomendación de una amiga, se acercó a la imagen que hoy ya tiene consigo no sólo en un pequeño altar en su domicilio, sino la lleva en su propia piel a través de un tatuaje.

Indicó que un problema de índole personal la llevó a pedirle un favor y, al cumplirle, se volvió una devota de esta imagen.

“Me hizo un favor y desde entonces ya soy su seguidora. Ella sí me cumple y me protege, por eso la sigo”, sostuvo la joven de 30 años de edad.

Declaró que si bien cuando comenzó su devoción lo hacía muy en privado, el hecho de que más personas conocidas se han sumado, la hicieron “salir del closet” y por lo mismo, acudir a altares públicos.

“Yo veo que la Santa Muerte ha ganado muchos seguidores. Yo le pongo su veladora constantemente y le pido que me proteja, no me dedico a cosas malas, pero sí creo que todos estamos en riesgo, y pues aquí sigo”, finalizó la devota.

Las autoridades eclesiásticas consideran incompatible la devoción a la Santa Muerte con la fe católica, que venera a los santos canonizados y ve la muerte como un paso a la vida eterna, no como una deidad a la que se le rinde culto directamente.

Además consideran que el culto a la Santa Muerte se ha extendido por la petición de dinero y de poder, de fama, propósitos que la fe católica no busca, pues se confía en la providencia de Dios.

En un comunicado emitido a través de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), los obispos de México aseguraron que la propagación de este tipo de contenido dañino está distorsionando los valores fundamentales que nos caracterizan como nación y erosionan el tejido social, por lo que es su deber, como Iglesia, denunciar enérgicamente “esta glorificación de la violencia” y convocar “a todos los sectores de la sociedad” para unirse y rechazar “totalmente estas prácticas destructivas.

Ante ello, la máxima autoridad de la Iglesia Católica en México ha condenado su uso y culto, especialmente cuando se distorsiona o se mezcla con la violencia.

Figuras del horóscopo chino, calzones de colores, semillas y limpias espirituales forman parte de las prácticas con las que comerciantes y familias buscan cerrar ciclos, atraer abundancia y comenzar el nuevo año con intención y renovación.

Cada domingo, el Templo de la Santa Muerte, ubicado en el municipio de Tultitlán, se transforma en un punto de reunión para miles de personas que acuden movidas por la fe, la esperanza y la necesidad de encomendar su semana a una figura espiritual que, para ellos, representa protección, salud y acompañamiento. Se ha sostenido durante años y que forma parte de una tradición profundamente arraigada en este recinto, considerado uno de los más importantes a nivel internacional.

En entrevista exclusiva para El Sol de Toluca, la madrina Cris Vargas, responsable del templo y figura central de esta devoción, explicó que estas celebraciones se llevan a cabo de manera ininterrumpida cada domingo desde hace más de 18 años, tiempo en el que el recinto ha consolidado una historia marcada por la asistencia constante de creyentes provenientes de distintos puntos del país y del extranjero.

“Esto se hace cada domingo. Es una celebración donde la gente viene a orar y a pedir por su semana, para que sean curados de salud o para que la Santa Muerte los cuide”, explicó la madrina. Durante estas jornadas, el templo permanece abierto desde las primeras horas de la mañana y, en muchos casos, las actividades se extienden hasta la noche, con veladas nocturnas que mantienen el recinto lleno durante todo el día.

De acuerdo con Cris Vargas, la afluencia de personas es constante y diversa. Los domingos habituales congregan entre 2 mil y 3 mil asistentes a lo largo de la jornada; sin embargo, en fechas especiales como el inicio o el cierre del año, la cifra ronda las 4 mil personas en un solo día. “Vienen a pedir que sus familias estén bien. Hay mucha fe en la Santita”, expresó.

No obstante, los días de mayor relevancia para esta comunidad son el 1 y 2 de noviembre, en el marco del Día de Muertos. La madrina detalló que estas fechas representan el momento más fuerte de celebración, ya que, de acuerdo con la creencia, es cuando la Santa Muerte “los visita”. Durante esas jornadas, el templo recibe aproximadamente a 10 mil personas a lo largo del día, provenientes no solo de distintos estados de la República Mexicana, sino también de países como Estados Unidos, Colombia, Venezuela y Perú.

La madrina destacó que este templo se ha convertido en un paso prácticamente obligatorio para los creyentes de la Santa Muerte en el mundo, debido a su tamaño, historia y relevancia simbólica. “Al ser el más grande, para muchos devotos es importante venir al menos una vez”, señaló.

Uno de los elementos que más llama la atención durante las celebraciones es la imagen de la Santa Muerte, la cual se viste con siete colores, cada uno con un significado particular dentro de la devoción. El amarillo se asocia con el trabajo; el dorado con el dinero; el rojo con el amor; el verde con la solución de problemas y asuntos legales; el morado con la salud; el azul con la claridad mental; el blanco con la armonía, y el negro con la protección. Estas representaciones simbólicas, explicó la madrina, reflejan las distintas peticiones que los fieles depositan durante las oraciones.

Cris Vargas también abordó uno de los temas más sensibles en torno a esta devoción: el estigma social. Lamentó que aún persista el prejuicio de vincular la fe en la Santa Muerte con la delincuencia. “Aquí no se ofrecen sacrificios de vidas. Lo único que se le ofrenda son manzanas, tequila, flores y alimentos. Lo que se vive es hermandad, apoyo y fe”, aclaró.

Durante las celebraciones, añadió, incluso se generan dinámicas de solidaridad comunitaria. Restaurantes y cocineros locales se suman de manera voluntaria para repartir viandas entre los asistentes, como una muestra de apoyo y fraternidad hacia quienes participan en las ceremonias. “Aquí lo que se vive es unión”, subrayó la madrina.

En ese mismo sentido, hizo un llamado a no discriminar a las personas por sus creencias religiosas. “Está mal pensar que aquí solo vienen delincuentes. En todas las religiones hay de todo tipo de personas. No se puede juzgar a alguien por el simple hecho de creer diferente”, enfatizó.

La voz de los creyentes respalda ese mensaje. Rosa Hernández, devota desde hace más de ocho años, compartió su testimonio sobre el significado que esta fe tiene en su vida. “Yo empecé a venir cuando le pedí por la salud de un familiar. Ella me ayudó y mi familiar salió adelante. Desde ese día mi fe está con ella”, relató. Actualmente, dijo, acude acompañada de toda su familia como parte de una convicción que se fortaleció con el tiempo. “Hoy venimos juntos, porque es parte de nuestra fe y de lo que creemos”, agregó.

Así, domingo tras domingo, el Templo de la Santa Muerte en Tultitlán continúa siendo un espacio de encuentro espiritual, donde miles de personas se congregan para orar, agradecer y pedir protección. Más allá de los prejuicios, sus celebraciones reflejan una práctica religiosa viva, sostenida por la fe, la organización comunitaria y una historia que, con más de 18 años, sigue creciendo en número y significado.

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