En el corazón de Zumpango, el aire huele a carrizo fresco, engrudo, pintura húmeda y pólvora. No es un día cualquiera en el barrio de San Pedro de la Laguna pues sus calles principales, vistosas y engalanadas, vieron pasar a más de 45 majestuosas piezas de cartonería en un desfile que une la devoción con la identidad pirotécnica de este pueblo ribereño, el pasado fin de semana.
Aquí, la elaboración de los “Toros Monumentales” es una tradición con más de seis décadas de historia, nacida como una ferviente ofrenda a la Virgen de San Juan de los Lagos.
Lo que en sus inicios comenzó con pequeñas piezas de carrizo, ha evolucionado desde hace casi dos décadas en esculturas colosales de más de dos metros de altura que hoy compiten en un concurso local donde la creatividad no tiene límites.
La vocación pirotécnica de San Pedro no es casualidad. Sus pobladores recuerdan que antes de que los estallidos multicolor iluminaran el cielo, la comunidad se dedicada a la pesca en la antigua Laguna de Zumpango, cuenca hermana del gran Lago de Texcoco.
Con la llegada de los españoles en el siglo XVI, la abundante sal natural del territorio —el salitre— se mezcló con el carbón local y el azufre del Popocatépetl para crear la pólvora de los antiguos mosquetes.
Con el paso de los siglos, esa misma sustancia bélica fue rearmada por las manos artesanales para celebrar la fe y la vida.
En las avenidas principales, como la Insurgentes y la carretera a Cuautitlán, el desfile matutino deslumbró a visitantes y vecinos, el pasado 1 de Agosto. Cada toro cuenta una historia plasmada en sus lomos de papel.
Elaborado por la familia Martínez, pionera en esta manifestación desde hace 18 años. Su diseño evoca el origen náhuatl de Zumpango (lugar de las calaveras), rindiendo tributo a la Catedral de la Purísima Concepción, la laguna, el histórico Puente de Fierro inaugurado en 1900 por Porfirio Díaz y las escuelas locales.
“Es una ofrenda para la Virgen, pero también el pretexto perfecto para unir a la familia durante todo un mes de trabajo”, expresaron sus creadores.
Diseñados por la familia Ávila Almaraz, quienes llevan cinco años consecutivos sumándose a la festividad. Sus obras entrelazan la mitología clásica con el orgullo de la alfarería tradicional.
Creado por la familia Sánchez Ramos, una colosal mole de casi una tonelada concebida como homenaje a los maestros artesanos pirotécnicos que han partido.
En fin , cada creación, cada toro cuenta una historia diferente del lugar, vista desde la perspectiva de cada familia quienes cada año se reúnen para diseñar un nuevo toro con una nueva historia y color, el cual exponen en un desfile y por la noche es quemado para el deleite de los presentes.
La cartonería de vivos colores cede su protagonismo a los cohetones, chispas y cascadas de luz.
En medio del júbilo popular, cada obra de arte arde en la tradicional quema nocturna, transformando semanas de esfuerzo en un espectáculo que limpia el alma y renueva la fe colectiva.
San Pedro de la Laguna reafirma así su lugar como cuna de la pirotecnia mexicana, un pueblo que no solo moldea el papel y la chispa, sino que quema con orgullo el fuego de su propia historia.

