El regreso a clases puede provocar nerviosismo, temor y ansiedad en niños y adolescentes, especialmente cuando deben enfrentarse a nuevas rutinas, maestros, compañeros o incluso a una escuela diferente; sin embargo, existen señales que pueden indicar que el malestar va más allá de una reacción pasajera.
La psicóloga Claudia Maya explicó que no todos los estudiantes expresan con palabras lo que sienten, por lo que madres y padres deben prestar atención a cambios en su comportamiento, síntomas físicos y alteraciones en el sueño.
Estas son las señales de ansiedad que pueden presentar:
De acuerdo con la especialista, uno de los primeros canales en los que puede manifestarse la ansiedad es en la conducta. Algunas señales son irritabilidad, llanto frecuente, rabietas inusuales, apego excesivo a los padres o aislamiento.
Otro indicador son los síntomas físicos, que pueden aparecer principalmente antes de acudir a la escuela. Entre ellos se encuentran dolores de estómago constantes, dolor de cabeza, náuseas, fatiga y cambios en el apetito.
El tercer canal es el sueño. Los niños o adolescentes pueden presentar dificultad para dormir, pesadillas o incluso miedo a dormir solos.
Maya señaló que sentir cierto grado de ansiedad o temor durante los primeros días o semanas del ciclo escolar es normal, debido al proceso de adaptación que implica enfrentarse a un entorno nuevo o retomar una rutina después del periodo vacacional.
No obstante, recomendó a los padres mantenerse atentos a la evolución de estos síntomas, particularmente cuando el miedo o la ansiedad comienzan a presentarse con mayor frecuencia o intensidad.
La especialista recomendó que, antes del inicio del ciclo escolar, madres y padres hablen con sus hijos y generen un ambiente de confianza, en el que puedan reconocer sus fortalezas y expresar cuando una situación los rebasa.
También señaló que la sobreprotección puede dificultar el proceso de adaptación, por lo que es importante acompañar a los menores sin impedir que desarrollen herramientas para enfrentar situaciones nuevas y pedir ayuda cuando la necesiten.
Algunas escuelas, agregó, realizan periodos de adaptación antes del inicio del ciclo escolar, durante los cuales los futuros estudiantes pueden conocer las instalaciones, a sus compañeros y a sus maestros. Estas actividades pueden ayudar a disminuir el temor ante lo desconocido.
La ansiedad requiere mayor atención cuando deja de ser una reacción temporal y comienza a afectar diferentes ámbitos de la vida del menor.
Maya recomendó buscar apoyo de un especialista cuando aumente la dificultad para adaptarse al nuevo proceso y esta situación empiece a afectar la convivencia, el aprendizaje escolar o la vida del niño o adolescente fuera de las aulas.
También consideró importante mantener una comunicación constante con los docentes, para identificar cambios en el comportamiento del estudiante y acompañar de manera conjunta su proceso de adaptación.

