En el Estado de México disminuyó el número de personas hablantes de lenguas indígenas, al pasar de casi 415 mil en 2020 a 403 mil 386 en 2025, una diferencia de más de 11 mil personas, de acuerdo con la Encuesta Intercensal 2025 del INEGI.
El fenómeno representa un riesgo para la preservación cultural, debido a que una lengua no solo constituye una forma de comunicación, sino que también concentra conocimientos, experiencias y saberes transmitidos de generación en generación.
“Una lengua no solamente representa la forma de interactuar o de comunicarnos, lleva además experiencia y muchos conocimientos que se han guardado durante años”, señaló Mauricio García Sandoval, docente de la Facultad de Antropología de la UAEMex.
El especialista explicó que cuando una lengua deja de utilizarse también pueden desaparecer expresiones culturales como refranes, dichos, mitos, leyendas, costumbres, tradiciones y formas de saludo, elementos que contribuyen a preservar la identidad de los pueblos originarios.
“La lengua es parte de nuestra identidad y de los elementos culturales que nos distinguen al interior del país y en el mundo”, afirmó.
Tanto en 2020 como en 2025, las mujeres representaron la mayoría de las personas hablantes. Hace cinco años se contabilizaron poco más de 218 mil mujeres y casi 196 mil hombres; para 2025 fueron más de 215 mil mujeres y 188 mil hombres.
El mazahua es la lengua indígena con mayor número de hablantes en la entidad, principalmente en municipios como San Felipe del Progreso y Atlacomulco.
El segundo lugar corresponde al otomí, con presencia en municipios como Temoaya, Acambay, Toluca, Otzolotepec y Xonacatlán. El náhuatl se habla en comunidades de Texcoco y Malinalco, mientras que el tlahuica se mantiene principalmente en Ocuilan.
Entre las causas de la disminución de hablantes se encuentra el relevo generacional, debido a que las nuevas generaciones han dejado de practicar las lenguas originarias. Actualmente, una parte importante de quienes las hablan son adultos mayores, mientras que la presencia de jóvenes y niños es menor.
A ello se suma la discriminación que pueden enfrentar personas de pueblos originarios por utilizar su lengua materna, situación que puede contribuir a que las nuevas generaciones dejen de aprenderla.
“Desafortunadamente, al verse afectados por la discriminación, las nuevas generaciones optan por ya no aprender la lengua materna”, mencionó García Sandoval.
Para evitar que estas lenguas desaparezcan, es necesario reconocerlas como parte del origen y la diversidad cultural de México, además de eliminar las etiquetas y prejuicios que generan rechazo hacia quienes las hablan, consideró el docente.
“Corresponde a toda la sociedad mexicana hacer algo porque seguimos viendo a los pueblos originarios como personas de menos recursos”, refirió.
Finalmente, el especialista señaló que la diversidad lingüística debe ser motivo de reconocimiento y no de discriminación.

