Dicen que a medianoche, cuando las calles de Tepotzotlán quedaban en silencio, una campana comenzaba a sonar en la iglesia de San Pedro Apóstol. El problema era que nadie la estaba tocando.
La historia ha pasado de boca en boca durante generaciones y se remonta, según cuentan los habitantes, a los años de la Revolución Mexicana, cuando varias noches seguidas los fuertes repiques despertaron a quienes vivían cerca del templo.
Algunos curiosos se armaban de valor y caminaban hasta la iglesia para descubrir al responsable. Pero al llegar no encontraban a nadie. La cuerda estaba quieta, el templo permanecía vacío y, minutos después, el silencio volvía a cubrir el pueblo.
Los más viejos decían que no era una persona, sino un alma en pena que hacía sonar la campana para pedir perdón por algo que había cometido en vida.
El miedo creció tanto que, según la leyenda, los pobladores decidieron bajar aquella campana y enterrarla en el atrio de la iglesia. En su lugar colocaron otra.
Y los sonidos desaparecieron.
O al menos eso creyeron.
Todavía se cuenta en Tepotzotlán que, en ciertas noches, cuando el reloj marca las 12 y el centro queda casi vacío, puede escucharse a lo lejos el repique de una campana que parece salir de ninguna parte.
Nadie ha podido demostrar que aquella vieja campana continúe enterrada bajo el atrio, pero tampoco las leyendas necesitan pruebas para sobrevivir.
Así que si alguna madrugada caminas por el centro de Tepotzotlán y escuchas una campana…
Tal vez sea mejor no buscar quién la está tocando.

