La Zona Arqueológica de Teotihuacán reportó apenas 94 mil visitantes durante el mes de junio, lo que representa una estrepitosa caída del 21 por ciento en comparación con el mismo mes de 2025, de acuerdo con cifras oficiales del INAH. Este desplome, el más significativo desde el año 2021, refleja una disminución tanto de turistas nacionales, con un 24 por ciento menos, como de extranjeros, quienes redujeron su afluencia en un 12 por ciento, afectando gravemente la economía de la región mexiquense.
Especialistas vinculan directamente esta baja de 24 mil paseantes a las secuelas del violento tiroteo registrado el pasado 20 de abril en la Pirámide de la Luna, evento que dejó dos muertos y 13 extranjeros heridos. Persiste una fuerte preocupación en el sector turístico porque, a pesar de la realización del Mundial de Futbol en México, la imagen del sitio arqueológico no ha logrado recuperarse en el ánimo de los viajeros, quienes muestran mayor cautela al planear sus recorridos.
La vigilancia en todo el complejo teotihuacano fue reforzada por las autoridades federales mediante una presencia constante de la Guardia Nacional, además de la implementación de controles de acceso y revisiones preventivas en las entradas principales. Estas medidas buscan restablecer la confianza de los visitantes tras el estallido mediático y la crisis de percepción que generó el ataque armado, el cual marcó un antes y un después en la operatividad cotidiana del sitio histórico.
Persisten, sin embargo, retos considerables en la estrategia de promoción y seguridad que van más allá del simple despliegue de uniformados en las calzadas. Muchos representantes del sector turístico mexiquense advierten que el blindaje es necesario, pero insuficiente si no se acompaña de una campaña efectiva que transforme la percepción de riesgo que todavía prevalece entre el público nacional e internacional.
El flujo de visitantes extranjeros hacia Teotihuacán disminuyó de manera notoria en pleno desarrollo de la Copa del Mundo, evidenciando que el evento deportivo no bastó para compensar la falta de interés por el sitio. La cautela en el gasto de los paseantes, sumada a la mala imagen proyectada tras el incidente de abril, dibuja un escenario complejo donde las herramientas digitales y los esfuerzos de difusión no han logrado revertir la tendencia negativa.
El camino para recuperar el prestigio de esta joya arqueológica será largo y requerirá un trabajo conjunto entre el INAH, el gobierno estatal y los operadores turísticos locales. Las cifras de junio sirven como una señal de alerta para la administración actual, que debe implementar soluciones creativas y efectivas para volver a atraer a los viajeros que, por ahora, prefieren evitar la ‘Ciudad de los Dioses’.

